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  • Mariana Piñeros Jiménez

El arte de la gratitud

La gratitud es un arte. Su práctica requiere de una dosis equitativa de inspiración y materialidad. La gratitud, que nos llega de pronto, como una ola que nos inunda, nos invita, siempre, a su expresión. Inspiración y materialidad. Esto es, justamente, el arte para mí: la práctica de expresar y hacer visible aquello que me rebosa, me atraviesa, me...



desborda.


Una ola.

La gratitud


Hablar de la gratitud y no utilizar metáforas sobre el agua me parece imposible. Siempre que la gratitud me ha sorprendido me ha puesto en un flujo de actitudes y emociones incontrolable.


Me he sentido agradecida y de repente he hecho cosas que nunca hubiese pensado hacer, he dicho cosas que nunca hubiese pensado decir e, incluso, he pensado cosas que nunca hubiese pensado pensar.


Nunca he podido permanecer rígida mientras experimento una ola de gratitud.



La gratitud, que surge sin mi control consciente, me sorprende, abre y suaviza. Me enseña sobre la naturaleza del cambio.


Cada vez que la gratitud se despierta en mi interior, me siento rebosada.



La gratitud nunca ha llegado por mi esfuerzo de ser agradecida. Ha llegado solo cuando he dejado de esforzarme. Especialmente, cuando he dejado de esforzarme por ser alguien.


La gratitud es el reconocimiento y la sorpresa constante de que soy, al igual que el mundo que me rodea, agua fluida y cambiante.


¿Quién soy cuando agradezco?



He visto a cientos de personas agradecidas... deshacerse en llanto al ser encontradas por el objeto de su agradecimiento. Las he visto descongelarse.


Yo misma, cuando he llorado diciéndole a alguien cuánto le agradezco, he sentido ese deshielo en mi corazón.


"¿Dónde estaba guardado todo esto que quería decir?, ¿cómo pude haber vivido sin expresarlo?, ¿quién es esta versión de mí misma que, sin miedo ni pretensiones, anuncia todo su amor?".



Cuando agradezco mi atención se pone sobre la maravilla de lo otro. Y sobre la improbabilidad y sorpresa de estar experimentándolo yo, en primera persona.


"¿Cómo es posible que esté viviendo algo así?, ¿cómo es posible que sea así de afortunada?". "¿Cuál era la posibilidad de que conociera a esta persona?, ¿de estar en este lugar?, ¿de estar experimentando esto?".


"Azar". "Suerte". "¿Destino?".


La inspiración


Para crear arte a partir de la gratitud yo practico el observarme a mí misma y al mundo que me rodea con curiosidad y sin afán. Como si observara el mar. Y espero, sin expectativa, a que me encuentre una ola de sorpresa: una ola que deshaga mis ideas prefabricadas sobre el mundo: una ola que me rebose: una ola que me haga olvidar las ideas que tengo sobre mí misma.


Esta ola aparece en la forma de algo que me resulta, de pronto


Hermoso

Increíble

Invaluable

Azaroso

Curiosísimo

Único

Afortunado

Maravilloso

Fantástico

Milagroso

Motivo de celebración


Una ola.


El arte de la gratitud nos invita a estar atentxs a las olas que vienen y van dentro de nosotrxs. Nos invita a dejarnos mecer por el océano en el que estamos inmersxs.


Respiro profundo.


La materialidad


A partir de esto, creo.


¿Qué creo?


La gratitud no tiene juicios de valor rígidos. No excluye temas. No "estamos agradecidxs por todo lo bueno que nos pasa, y despreciamos todo lo malo". La gratitud nos encuentra, nos sorprende, y nos libera de la prisión del binarismo.


Cuando la gratitud llega todo puede ser un motivo de celebración. Y es la alegría de saber que todo puede ser un motivo de celebración la que nos desborda.


Entonces creamos cosas tristes o felices: eso no importa. Creamos para compartir y materializar el asombro: el milagro de experimentar un mundo complejo, único, lleno de opuestos y matices: el privilegio hermoso, invaluable, azarosísimo, maravilloso y milagroso de estar vivxs.


Solo tienes que dejar que ese delicado animal

que es tu cuerpo ame lo que ama.

Mary Oliver.


Llega el agradecimiento. Nos permitimos amar lo que amamos. Experimentamos la disolución de lo que nos parecía estable y conocido en nuestros cuerpos. Y lo contamos.


¿Cómo lo contamos?


En mi práctica, yo creo o cuento como me parezca más emocionante. En el material que me cause más curiosidad y asombro.


¿Hay un mejor material para narrar el asombro que aquel del que nos sentimos asombradxs?


Entonces utilizo mis manos, en la misma actitud de reverencia, disolución y maravilla, y utilizo un lenguaje que me cause curiosidad:


Las palabras

Colores

La fotografía

La arcilla

Papel

Flores

Photoshop

Un vidrio empañado

Mi cuerpo

Mi voz

Otro idioma


y cuento lo que me parece bello, único e irrepetible.


Lo cuento con el foco dentro y fuera de mí misma. Cuento lo que sucede en mi interior, mi experiencia privada sobre la maravilla del mundo al que asisto (incluso si se trata de mi mundo privado). Y cuento ese mundo, tal y como lo percibo.


Creo con el cuerpo, el corazón y la mente disponibles. Me permito transformarme mientras creo. Me mantengo flexible y permeable. Soy una con las olas de agradecimiento, y las dejo ir y venir. Permito que con ellas cambien mis ideas, palabras y sensaciones. Me dejo mecer.


Creo sin expectativa ni presión. Sin preseunciones sobre la forma ni el material.


Y dejo que el proceso de creación me sorprenda una y otra vez. Permito que me recuerde la impermanencia esencial de todo lo que existe.


Una y otra vez.


Cambia mi identidad. Mis ideas, percepciones y emociones. El mundo entero. Y también aquello que estoy creando.


Arte


Inspiración y materialidad. Nada más. Nada menos.


El arte de la gratitud es en sí misma un milagro y un motivo de celebración.


Yo siento gratitud por haber sido tantas veces rebasada por ella. Por no haber podido contener las lágrimas, las palabras, las emociones o los pensamientos en su presencia. Y por haber hecho arte en medio de sus olas de luz.


En medio de estas olas he hecho cosas muy diversas: listas de agradecimiento, poemas sobre mi casa, fotografías diarias del pasto, videos de atardeceres surcados por pájaros, dibujos de mis profesores, canciones de amor, bailes, comidas,... ¡muchas cosas! Todas llenas de lo mismo: gratitud.


Y crearlas me ha transformado. Me ha mostrado la hermosura y flexibilidad de la inspiración. Me ha brindado un lugar desde el cual hacer arte que no se basa en la competencia, la perfección o la angustia. Me ha entrenado en la atención y el asombro. Y me ha permitido abrirme a todo lo que hay dentro y fuera de mí: a verlo con una mezcla particular de desapresión y curiosidad.


Esta práctica me ha vinculado con el mundo de una forma que antes no conocía. Y me ha invitado a hacer las paces con la idea de que esta forma también cambiará.


Con esto, lxs invito a estar atentxs a estas olas de agradecimiento que vienen y van. A montarse en ellas: a surfearlas. O a crear castillos de arena, apasiblemente, en sus orillas, mientras las contemplan. Pero, en cualquiera que sea el caso, a crear a partir de lo que encuentran. A partir de la siempre renovada perspectiva que trae sentirse agradecidx por algo.



Por último, quiero terminar este texto... agradeciendo. Y, específicamente, agradeciéndole a Andrés, que fue la persona que inspiró esta entrada de blog.


Hace algunas semanas experimentamos una ola tras otra de gratitud por su existencia. Él estaba a punto de irse a Guatemala, y en cada una de las despedidas muchas personas le expresaron su agradecimiento. Ver esto ocurrir, una vez tras otra, fue tanto conmovedor como inspirador.


Andrés es una persona catalizadora de la gratitud. Su corazón, que es una mezcla inusual entre generosidad y determinación, es de muchísimo servicio para quienes lo conocemos.


Para mí, estar en su presencia es un recordatorio constante de que la vida es un milagro. Recibir su amor, hermoso, curiosísimo y maravilloso, me permite e invita, cada día, a celebrar la vida, compleja y misteriosa como es.


Gracias por existir,

wild geese,

high in the clean blue air,

heading home again.



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